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¿Podrías hablarnos un poco acerca de tu actividad en
América?
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Empecé trabajando en Ecuador, a través de un programa
interdisciplinario de antropología, o sea, arqueología,
etnología y también etnohistoria. Posteriormente, en
1977, pasamos a Guatemala; a partir de ahí mi
orientación ha sido siempre trabajar sobre los Mayas.
Soy mesoamericanista, es decir, el área maya no es un
área desgajada culturalmente, sino que está inserta
dentro de una gran civilización que es Mesoamérica en su
conjunto. Similar a la cultura clásica del Mediterráneo,
Mesoamérica alberga una serie de culturas que comparten
ciertos aspectos de ideología, de "modus
vivendi" y de cosmovisión.
Además de que se diferencian desde un punto de vista
lingüístico, tienen políticas separadas, o sea: no
forman un solo estado ni nada que se le parezca. Ni
siquiera en tiempos de los aztecas pudieron llegar a
conseguirlo, aunque fue el intento más cercano a una
unificación desde el punto de vista político.
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Nuestro primer trabajo se
centró en Tierra Alta. Allí nuestros directores
decidieron desarrollar el programa que estaba
destinado a observar el proceso de cambio y la
continuidad cultural de la civilización en esa
zona concreta. Si bien no podríamos pensar que
las formas de vida se mantienen igual que antes,
encontramos que hay bastantes pervivencias.
No obstante, se trata de
una cultura muy dinámica, donde los ritmos de
vida van cambiando con las generaciones, por lo
que ahora encontramos allí también una sociedad
más globalizada. Como ejemplo de esta
pervivencia, veíamos en los mercados del
altiplano de Guatemala, en la zona quiché,
ventas de cerámicas y vasijas domésticas que
tenían el mismo diseño que las que nosotros
estábamos sacando de las excavaciones y que
databan del año 700–600 a.C. aproximadamente.
Eso nos da una idea de cómo se ha mantenido la
cultura hasta cierto punto, ya que la decoración
en la cerámica, como en muchos otros objetos, no
es una decoración caprichosa, más aún, tiene
detrás un sustrato mental: se decora de cierta
manera o se hace un tipo de diseño por algo,
porque hay una mentalidad y una
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cosmovisión.
Esos procesos son los que estudiamos.
Hay continuidades que son muy fáciles de observar en
cuanto a objetos, pero luego hay otras que son más
complicadas en cuanto a mentalidad. Una vez terminado
ese programa pasamos a Tierra Baja, donde hemos
realizado varios programas de investigación, uno de
ellos en el campo de estudio del ADN mitocondrial
aplicado a huesos largos. Los hemos utilizado, por un
lado, para analizar la secuencia dinástica de los reyes
de Tikal, y por otro, para observar si la sociedad
aristocrática de los mayas, por el hecho de estar
emparentados con nobles, eran a la vez campesinos. Estos
estudios iniciales han dado frutos bastante interesantes
pero limitados todavía.
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Otro proyecto en el que estoy involucrado ahora trata
sobre la estructura política en Machaquila, ubicada al
sur de Petén. La ciudad, que tiene unas estelas
maravillosas, no es muy grande y consta de ocho plazas
rodeadas de palacios y templos. Allí pretendíamos
observar la vinculación entre el territorio y la ciudad
desde una perspectiva política, el control político de
un territorio. Las estelas documentan acontecimientos
históricos, luchas con unas ciudades y alianzas con
otras; con esta información intentamos delimitar el
territorio de Machaquila para ver qué tipo de nobleza la
había gobernado. Por ejemplo, encontramos una
explicación a los colapsos políticos cuando vemos que
los reyes pierden su carácter divino; esto implica que
una parte muy importante de su cosmovisión y concepción
socio-política se perdió en ese momento. A partir de ese
momento no tuvieron que hacer grandes templos a los
ancestros divinos, por lo que son más pequeños y se
encuentran en menor cantidad; los imponentes palacios
también cambian de estructura y de función, porque aquel
ser semi-divino que encargaba esas construcciones, el
rey y la familia real, ya no irradiaba el mismo carisma.
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Según las pruebas arqueológicas que se tienen ahora, ¿en
qué época se puede situar la antigüedad de los mayas?
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Nosotros situamos a los mayas, desde un punto de
vista lingüístico, en el 2500 a.C. Ahora bien,
el área maya estuvo poblada antes, es decir, que
existieron poblaciones paleolíticas y arcaicas
tal como las encontramos en otros sitios de
América. |
Tenemos fechas
desde el 11000 a.C. en la tierra del coyote, ubicada en
el altiplano occidental de Guatemala; en Poptún desde el
10000 a.C. y también una cueva en Chiapas, que está
datada aproximadamente en el 9000 a.C. Sin embargo no
podemos decir que esos individuos sean mayas, aunque
nosotros estamos definiéndoles como tales, primero, en
función de la lengua en esa época, segundo, en función
de unas características culturales que nos sugieren el
diseño arquitectónico, el cerámico y el escultórico. El
establecimiento de los mayas se detecta a partir del
hallazgo de manufacturas cada vez más detalladas y
complejas, gracias a las cuales podemos diferenciar las
sucesivas etapas de desarrollo. Gran parte de la
sociedad del Pre-clásico temprano (2500-1800 a.C.),
tiene un diseño cerámico todavía muy igualitario y sería
muy difícil de distinguir, pero la glotocronología, es
decir, las simulaciones cronológicas del origen de las
lenguas, nos da unos resultados que sitúan el período
proto-maya (el tronco lingüístico común de los mayas) en
el 2500 a.C. A partir de ahí, desde la unión de
Guatemala con México en Chiapas y Cuchumatanes, empiezan
a desgajarse los mayas poco a poco. Aquellos que se
dirigen hacia la Huasteca son casi los más antiguos;
desde un punto de vista cultural ya no se consideran
mayas en arquitectura o enterramientos, pero utilizan la
lengua maya, o mejor dicho: tienen raíces lingüísticas
del maya. Otros empiezan a poblar poco a poco el
altiplano, la costa y después Tierra Baja. En la medida
que se van separando esos grupos, las raíces de la
lengua se mantienen, pero el resto de las palabras
cambian. Por esa razón los lingüistas suponen que la
cronología del pueblo maya empieza aproximadamente en el
2500 a.C., que junto con la de Tierra Baja (1200 a.C.)
son las fechas más antiguas. Así pues, si bien existe un
paleolítico anterior hacia el 11000 a.C., no podemos
decir que se trate de pueblos mayas.
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¿Sigue vigente la teoría que defiende que la población
amerindia vino por el Estrecho de Bering?
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Sigue vigente, aunque siga siendo una teoría, claro. Sin
embargo las principales dificultades que tenemos son,
por un lado que los arqueólogos rusos en Kamchatka y en
toda la zona del este y noroeste de Siberia han
encontrado unos datos incontrovertibles de vida humana
desde muy temprano, de hecho mucho antes del poblamiento
de América. Es decir, que el ser humano había colonizado
esas tierras -que hoy en día nos parecen totalmente
inhóspitas- probablemente hacia el 10000 a.C., e incluso
antes. Por otra parte, los geólogos han precisado con
bastante rigor las posibilidades de unión de la tierra
en el periodo de las glaciaciones. Asimismo, los
climatólogos han precisado que los periodos del
pleistoceno (que dura unos dos millones y medio de
años), no han sido todos de un rigor extremo en el frío,
sino que ha habido épocas de calor. En consecuencia, si
un esquimal, en un momento determinado, ha estado
pasando desde el 5000 a.C. hasta ahora en pequeñas
embarcaciones (kayaks), entre Alaska y Siberia, ¿por qué
no habrían podido hacerlo desde antes si poseían la
misma tecnología que han determinado esos arqueólogos
rusos? Otro factor es la dentición humana, que es la
misma a ambos lados. Los antropólogos físicos afirman
que esta raza es amerindia y, en consecuencia, proviene
de diferentes oleadas y también de diferentes sitios de
Asia, pero todos enlazados con la parte centro-norte del
continente asiático, es decir, Siberia. Todos esos
testimonios nos hacen ver que el poblamiento americano
pudo haberse efectuado en tres oleadas, una de carácter
amerindio que llegó hasta Chile y que según las nuevas
teorías no tiene más de dieciseis mil años; otra
correspondiente al pueblo de lengua nadene, que
fundamentalmente se quedó en el centro-norte de EE.UU. y
Canadá; y una tercera oleada, que son los pueblos de
habla eskimo-aleut, entre los que se encuentran los
esquimales y que a lo sumo tienen una historia en
América de seis mil años aproximadamente. Hay alguna
cueva en Brasil donde se ha encontrado un cráneo muy
raro, de aquellos que no se pueden clasificar, y no es
asiático, pero tampoco polinesio. Es uno de esos objetos
que se encontraron en las primeras décadas del siglo XX
que no tienen un contexto claramente definido desde un
punto de vista científico, y pertenece a ese tipo de
cosas que son difíciles de explicar por la ciencia.

- ¿De
qué forma se ha conservado la religiosidad maya y cómo
se encuentra este tema en la actualidad?
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Para empezar tenemos que ver un poco la historia de la
colonización española, que supuso, por un lado, la
refundación de algunas ciudades o núcleos con una fuerte
presencia española y por otro, el abandono de un área
muy amplia. El área maya, sobre todo Tierra Baja, no
interesó casi nunca a los españoles; prueba de ello es
que el último recinto importante, los Lagos del Petén,
fue conquistado en 1697. Al principio, Tierra Baja tenía
muy poca población y no contaba con recursos que
interesasen a los colonizadores. Posteriormente se
descubrió la caoba, pero ya muy tarde, cerca de la época
republicana. Allí donde los españoles fundan sus
ciudades, convierten al cristianismo a los indígenas.
Sin embargo, en el siglo XVIII -época en la que incluso
ya se construían iglesias- el obispo Fuentes y Guzmán
recorrió el país e hizo una visita pastoral por el
altiplano de Guatemala; encontró que toda la gente era
pagana y seguía haciendo sus ritos tradicionales. Esto
lo explica el hecho de que, cuando se retiraron las
órdenes misioneras, los sacerdotes no querían ir a los
pueblos porque preferían vivir en las ciudades. La
evangelización en esas zonas correspondió así a los
«maestros cantores», que era gente adoctrinada por las
órdenes religiosas españolas para llevar a cabo la
conversión de la sociedad indígena. Sin embargo, lo que
hicieron en realidad fue reconstruir de nuevo una buena
parte de la religión pre-hispánica. Esa mezcla es la que
se ha mantenido, ese tipo de religión mixta, entre sus
creencias originales y aquel catolicismo que, si bien
logró consolidarse en la antigua Guatemala, no se pudo
difundir en las zonas del Quiché. Esas complejas
transformaciones explican por qué hoy en día encontramos
allí una religiosidad diferente; por ejemplo, en
Chichicastenango se puede encontrar a alguien que dice
en su oración: «Señor mío Jesucristo, dios del viento…»
y otros que mezclan lo referente al culto del Sol con
las fuerzas sobrenaturales, pero también el santo patrón
Santo Tomás. Tú le dices a un chamula que te dibuje su
visión del mundo, y te hace los trece niveles del cielo
y los nueve del inframundo prehispánico y te va
colocando ahí al dios del Sol, a Jesucristo, el santo
patrón... En fin, una mezcolanza preciosa que
singulariza a los mayas actuales.
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